Fotografiar el límite, el fin, el punto donde todo termina y todo empieza; esta orilla que dibuja y da forma, esa manera de ser, este estado de ánimo, esta relación de fascinación que significa llegar al extremo, pararse en la frontera entre nosotros y los otros, siempre con la mirada puesta en el horizonte, sin límites, desde un borde volteando a ver nuestra tierra con el mar como apoyo en la espalda; pararse en la frontera, en esa disyuntiva agua/tierra que tanto evocamos, que tanto ha inspirado a tantos, este espacio que nos contiene, nos empuja hacia adentro o nos atrae hacia afuera, nos constituye; esta relación de respeto y de amor entre los hombres y el mar, esa convivencia forzada entre la gente que aquí vive y la que como las olas va y viene, turistas bronceándose mientras trabajadores se queman, pescadores y/o marineros, mujeres que caminan y sonríen con el ritmo del mar reflejado en las caderas, niños por fin libres; esta cáscara, esta pequeña porción de país como refugio, como destino, como objetivo.
F. MATA ROSAS
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