
Chema Madoz: conversaciones en torno a un objeto
Chema Madoz manipula, inventa y fotografía objetos. Su trabajo es un despliegue de interminable entelequia que desencadena una creación de imágenes en cadena.
Definido como un poeta visual, las asociaciones que desarrolla partiendo de cosas tan usuales como una llave, una piedra o una escalera han desembocado en un torrente de creatividad.
Imágenes en blanco y negro, con objetos inertes como sujetos, rodeados de un vacío que parece estático, donde nunca pasa nada. Asociaciones que despiertan la curiosidad del espectador y que se han inspirado en lo cotidiano son el recurso de este fotógrafo madrileño que ya lleva cerca de 30 años creando poesía visual.
Sus figuras literarias crean un discurso artístico que es fotografía, escultura y poesía. Madoz se ocupa de alterar la percepción inmediata creando otra diferente en la que el espectador participa.
Chema Madoz comparte con PHE.es sus reflexiones en torno a dos de sus fotografías. Desde su taller, donde nace gran parte de su obra, el fotógrafo desvela las claves de dos de sus siempre enigmáticas poesías visuales.
OBJETO 1: Libro con mirilla
"Este libro lo escogí para realizar la fotografía porque tiene un marco en la portada que recuerda a los cuarterones de una puerta, no por su contenido. La propia portada sirve de apoyo. Los libros siempre tienen algo de “puerta”, una invitación a la lectura. Con los libros entras a otro espacio, a otro mundo.
La idea de esta fotografía no puede ser más elemental y sencilla, nació a partir de la propia naturaleza del objeto en sí. La realización fue muy sencilla también. Hice un agujero que atravesaba todo el libro con una taladradora e introduje una mirilla.
Esta imagen viene a transmitir ese misterio que radica en cada uno de los libros como objeto. Es un universo cerrado que invita a curiosear, a ver que es lo se esconde dentro de cada uno de ellos.
Esta imagen juega también con una especie de contrasentido, pues a través de esta mirilla lo único que se ve es luz, lo que está justo al otro lado. Así que por un lado tenemos un objeto material, pero cuando te asomas a él ves el vacío que sería justo lo contrario.
En definitiva son pequeñas alteraciones que juegan con todo lo que arrastra simbólicamente cada uno de estos objetos. El libro como puerta a un nuevo universo y la mirilla como invitación al conocimiento.
Es interesante que cuando aparecen dos objetos diferentes en la imagen cada uno tiene que identificarse perfectamente. Creo que en eso se basa la eficacia de la propia fotografía. Si aparece un objeto que no se sabe cuál es su función ahí se produce una distorsión, no se sabe hacía donde va la imagen. Mientras que si se tienen dos objetos perfectamente identificables, lo que se está creando es una tensión entre las funciones que tienen esos dos elementos.
Cuanto más diferentes son las funciones de esos dos objetos, mayor es la tensión y por tanto más eficaz es la imagen. Esta sería sólo una de las diferentes posibilidades a la hora de trabajar con libros.
Hay libros que están recortados y cada uno de los renglones está por separado, anulando la idea del libro de pasar una página tras otra, la continuidad dentro de la lectura. Se pueden hacer diferentes permutaciones, lo que daría lugar a diferentes lecturas, a diferentes interpretaciones, a diferentes textos dentro del texto, etc…
En el día a día sigo trabajando con la idea del texto y de los libros. He encargado una pieza para trabajar nuevamente con ellos. Y es que para mi el libro como objeto es un tema que no se termina de agotar".
OBJETO 2: Taza con sumidero
"Esta foto es del año 2000 aproximadamente. Ilustra perfectamente las diferentes posibilidades que hay a la hora de elaborar un objeto. En muchas ocasiones conseguir la imagen que estás buscando requiere de todo un proceso largo de trabajo y elaboración y otras en las que es una simple reunión.
Curiosamente yo creo que éstas últimas suelen ser de las más eficaces, porque cuando son imágenes tan simples que el espectador entiende que perfectamente podría haberlas hecho él, se convierten en algo más directo y más accesible, lo que no les quita atractivo o posibilidades.
Esto es un sumidero metido en el fondo de una taza de café. Pero lo que estamos haciendo con un ejercicio tan simple y tan sencillo en definitiva es socavar la propia naturaleza del objeto, que en realidad es un cuenco, que basa su eficacia y su sentido en ser contenedor para poder beber los líquidos. Lo que estoy haciendo al coger elementos tan distantes es anular completamente el sentido original de cada uno de ellos.
Por otro lado la propia localización de ese sumidero adopta un carácter natural porque el objeto le es un lugar propio. En definitiva todos estamos acostumbrados a ver los lavabos y es prácticamente lo mismo. Tenemos la posibilidad de cerrar un lavabo y convertirlo en algo estanco para acumular el líquido y quitarlo para que se vaya. Pero no somos conscientes de que este mismo objeto reúne las mismas características que ese otro que utilizamos prácticamente a diario.
Es un ejercicio de traslado un elemento de una localización concreta a otra, que desata las posibilidades de lectura y la forma de entender nuestro propio entorno… ¿Qué supone un elemento tan sencillo como una taza en nuestra vida?".
Chema Madoz (Madrid, 1958) Historiador del Arte y fotógrafo, Premio Nacional de Fotografía (2000) y Premio PHotoEspaña (2000), así como el primer fotógrafo español vivo al que el Museo Nacional de Arte Reina Sofía dedicó una retrospectiva. Su trayectoria artística comienza en 1990, tras pasar por el Centro de Enseñanza de la Imagen. Ha expuesto en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid, el Círculo de Bellas Artes, la Galería Moriarty o el Canal de Isabel II, y en museos, galerías y ferias de arte internacionales como Fotofest (Houston) o el Pompidou de París. Su obra puede verse en la Fundación Telefónica, el Centro Andaluz de la Fotografía, la Fundación Juan March, el IVAM, el Ministerio de Cultura y el Fine Arts Museum de Houston, entre otros.






