
Acabo de pasar la mayor parte de estos últimos días en la nieve, por lo que no he encontrado tiempo para escribir un texto largo esta semana. Imagino que ya han llegado el sol y el calor a España, pero en Suiza sigue nevando bastante en este momento.
Debería aprovechar para hablar de nuestras montañas y mostrar un proyecto en el que he estado trabajando desde hace algún tiempo ya, se llama Lavina, (Avalancha en romanche, la lengua oficial de Engadina, la región de la que yo provengo). El resultado es totalmente distinto a mis otras series, pero el proceso de tomar fotografías es casi el mismo, excepto que esta vez, no hablo ni de gente ni de comunidades.
Suiza ha construido su identidad nacional a través de la iconografía de sus montañas. Estas se muestran como un tranquilo paraíso, en el que los turistas, sin necesidad de un conocimiento específico, pueden aprovechar la naturaleza . De alguna manera, se convirtió en una especie de oasis en el que la gente encuentra un refugio de la rutina diaria. Sin embargo, para hacer este sueño realidad y accesible, el entorno tiene que estar controlado y formado todo lo posible.
He estado trabajando durante más de 5 años con guías e investigadores que provocan avalanchas con dinamita para evitar accidentes en estaciones de ski o por otros motivos de seguridad. Dado que era imposible meterse en un helicóptero, tuve que escalar de frente a las montañas en las que se producían las avalanchas.
El objetivo de estas fotografías no era documentar estas acciones, sino mostrar lo majestuosa y poderosa que puede ser una avalancha. Se convierte casi en una escena abstracta, como si la nieve de la avalancha fuese cubriendo parte del blanco de un lienzo.

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