
No hace mucho tiempo experimentaba ciertos temores e inquietudes. Experimentaba temores, quizás porque presentía que me encontraba solo. Y experimentaba inquietudes porque me sentía inmerso en plena crisis existencial, crisis en la que psiquiatras y psicólogos afirman que te planteas “lo que has hecho” en esta vida y que mi amiga Inma – la de las hierbas –, variando unos pequeños matices, especifica que lo que te planteas es “lo que no has hecho” en esta vida. La verdad es que me faltaban por realizar una ingente cantidad de cosas, y hacer lo que se dice hacer… ¿qué había hecho?... pues creo que se resumía a estudiar y a trabajar.
Con estas reflexiones en mi cabeza, de lo que realmente me di cuenta, era de la línea plana en la que me encontraba. Sin motivaciones. Sin alicientes. Vacío. Todos los días, lo mismo. Pretendía salir del hastío y de la monotonía. Quería vivir. Quería romper con mi pasado uniforme, tedioso y aburrido, quería no ir muriendo sin saberlo, e intentar hacer algo nuevo y novedoso, por lo menos para mí, para mi recatada persona, para mi anodina subjetividad; sin tener que retornar nostálgicamente al paraíso perdido de mi infancia y refugiarme allí.
Con estos nuevos proyectos e innovadores conceptos inicié un profundo, subjetivo, placentero y recóndito viaje. Mi particular Odisea. Un viaje por realidades soñadas y por fantasías verdaderas. Anhelaba descubrir nuevos horizontes y ampliar mi visión sobre el mundo. Un viaje por lugares imaginarios y por ilusiones veraces. Un viaje donde la fantasía era realidad y la realidad fantasía. Donde los hechos imaginados se aproximaban a la veracidad y donde la verdad se aproximaba a la ilusión. Deseaba liberarme de mis limitaciones y de mis barreras. Dando como resultado una historia de ficción vivida o una ilusión real imaginada y donde la más puras reflexiones se tornaron en sentimientos y los sentimientos en maduras reflexiones.

HAY 16 COMENTARIOS || INTRODUCE EL TUYO.
|