
Dos personas comparten su vida. y dejan de hacerlo. Pasa el tiempo. Un día, por casualidad, en un pequeño viaje cotidiano, comparten vagón de tren, se sientan uno bien cerca del otro. No se dicen nada.
Él la mira con indiferencia, pero con curiosidad. Y nada más. Tampoco tiene ganas de decir nada, indiferencia. Pero no la situación, que por patética, no le es indiferente. Ella, a pesar de que mire hacia todos lados, no le ve. A pesar de pasar a pocos milímetros de su piel, a pesar que el vagón quede pronto vacío, a pesar que respiren el mismo aliento. No le ve. Pero normal. Ella no le mira, así no le ve. Él debe de ser un fantasma en su vida. Poco más o nada más. Si él en algún momento de su vida la había visto como la cosa mas bonita del mundo, ahora la ve envejecida y fea. Y nada mas.
Tan lejos quedan aquellos otros viajes, compartiendo vagones, donde uno se comía al otro. Tan lejos que uno duda si tal vez existieron. él empieza a creer que no.
Por avaricia, por mal corazón, quizás un poco de todo y más, pero fue en esos momentos en los que se pierden las parejas Justo en ese momento, dejó de existir. y él mira con curiosidad esta inexistencia. Con curiosidad.
Y ahora, en este bonito día, en este pequeño viaje cotidiano, y aún recordando los rincones y detalles mas íntimos de ella, de su triste existencia. Perfectos desconocidos en un vagón de tren. Ella baja en su estación. Y el tren continúa.
Y todo ya va bien así. Y la vida continúa. Y como que es otoño, la hojas caen de los árboles y el bosque está lleno de colores.
 ENVÍA TU COMENTARIO
|