
Cuenta la leyenda que cuando Dios mandó nacer los ríos creó tres fuentes que manaban del mismo lugar de la Sierra del Xistral, en Lugo. Sus nombres eran Eume , Landro y Masma. A las tres les prometió que la que antes llegase al mar se cobraría cada año la vida de un hombre. A poco de empezar el viaje las fuentes acordaron descansar y pasar la noche para empezar por la mañana el camino. Landro y Masma traicionaron al Eume haciéndole ver que dormían y echaron a correr. Cuando el Eume despertó y se percató del engaño enfureció y aceleró su marcha atravesando valles y montañas para poder llegar el primero. Lo logró y por eso se dice que el río se lleva cada año la vida de un hombre o al menos se dijo hasta la construcción de los modernos embalses, y que así se explica la existencia del misterioso cañón que se forma al paso del Eume por el parque natural de las fragas que llevan su nombre.
En una montaña en lo alto del parque se encuentra el monasterio de Caaveiro que preside desde el siglo X uno de los bosques atlánticos más bonitos de Galicia. El misterio y la mitología se mezclan entre robles, musgos, helechos y líquenes y la "vida de la tierra" de la que hablaban los románticos alemanes, se muestra en en su manifestación más simple a través de la exuberancia vegetal y los coquetos detalles de la naturaleza. Sobre este bosque de ensueño a la manera de los hermanos Grimm circulan muchas historias. De sacerdotes. De monjes anacoretas. De pueblos devotos. De la Inquisición Española. De ricos terratenientes. De tortura en la Guerra Civil y de droga en los años ochenta.
En la actualidad el monasterio y el parque natural que lo comprende son espacios protegidos pero visitables donde se transmite la idea de naturaleza accesible alejándose de la visión de ésta como lugar de huída y retiro o de símbolo amenazado de una vida ideal.
En primavera y verano los caminos de árboles como los que se ven en la fotografía se llenan de turistas y de algún que otro lugares o aficionado al senderismo.Me recuerdan a los personajes de los que hablaba Wenceslao Fernández Flórez en El Bosque Animado, un libro que me gusta mucho y por el que el año pasado empecé a retratar de esta manera a los pobladores de las fragas, animales, vegetales y humanos, porque la forma de llegar a comprender una totalidad es a través de sus partes y por todo lo que me sugiere este bosque paradójicamente idílico y turbulento donde la sensación de querer descubrir algo escondido está muy presente.
Los niños de las fotos en orden de aparición son Catuxa, Aaron y Lucía. Gracias a los tres por sus tres retratos y gracias a Rafa que me habló por primera vez de lo bonito y especial del paisaje y la comarca que comprende las Fragas del Eume.
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