
En España el bañador es incompatible con la cámara. En Alemania no. Aquí, si alguien te dice que va a hacerte una foto mientras tomas el sol, llamas a un guardia y le pones una denuncia. Allí no. Los alemanes están más cómodos que nosotros sin ropa, aunque tengan pelos, barriga o la marca de los tirantes del sujetador. No se trata sólo de que a los socialistas de la RDA les encantase bañarse en pelotas. Ni tampoco de que sean más guapos. Simplemente no tienen vergüenza. Y por eso me llama tanto la atención que, cuando toca ir a la playa, los alemanes alquilen estos armatostes decimonónicos, estas Strandkörbe (literalmente, “cestas de playa”). Cuando los inventaron, la gente todavía usaba bañadores de rayas que llegaban hasta los tobillos. ¿Por qué -me pregunto- si este pueblo ha avanzado hasta la tripa al aire, todavía no ha descubierto la esterilla?
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