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| 6 de noviembre de 2009 por Rafa García (a las 09:26) |
ANCIANAS
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“Berlín es una ciudad enferma porque sólo hay gente joven”. Me lo dijo un tipo al que acababa de conocer y al que nunca más volví a ver. Pero todavía sigo dándole vueltas. ¿Tenía razón? Al principio, cuando estás recién llegado, Berlín te asombra porque no hay bastones ni asientos reservados, porque la ciudad está llenita de peterpanes con pantalones de pitillo. Pero luego empiezas a echar de menos a las viejecitas. En una capital así, donde sólo hace falta tener setenta años para haber vivido el nazismo, la Segunda Guerra Mundial y la paranoia de la Guerra Fría, nadie se acuerda siquiera del día en que cayó el muro. Todos eran demasiado jóvenes en 1989. Por eso, cuando yo salía a la calle a buscar modelos, perdía el culo por ancianas como estas. Aunque los erasmus y las compañías de bajo coste hablen maravillas de la muchachada berlinesa, hacedme caso: no hay nada como un abuelo para sentir que el sitio es auténtico.
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HAY 1 COMENTARIOS.
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chicoutimi
dice el 24 de noviembre de 2009 (a las 13:44)

No sé qué me gusta más, si la foto o el comentario. Los dos están llenos de verdad, en cualquier caso.
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